BOADAS
Recuerdo cuando descubrí Boadas. Abrí su puerta, y fue entrar en un mundo mágico donde la música que creaba María Dolors -todo cariño y ternura- al mover la coctelera, y el murmullo de la gente al hablar hacian del local un espacio único.
La historia de Boadas arranca el 24 de Octubre de 1895, cuando nace en La Habana Miguel Boadas Parera; de padres catalanes emigrados a Cuba, ya de pequeño vive un ambiente de bar. Son propietarios de una taberna en la misma calle de la celebrada Bodeguita de en Medio en el casco antiguo de la ciudad. Ayudando a su padre, aprende liturgia y secretos y viendo que su vocación es ser barman, lo envía a trabajar a “casa” de sus primos los Sala Parera que acaban de adquirir un establecimiento llamado La Piña de Plata, y al que cambian el nombre por el de La Florida o Floridita que es como hoy se le conoce internacionalmente.
A sus 19 años, Boadas se convierte en un barman, yendo ya su nombre unido a la historia del Floridita y de Constantino Ribalaigua, genio del arte de las mezclas, que acabara convirtiéndose en propietario del establecimiento que compra a sus dueños, los Sala Parera, cuando éstos deciden regresar a España. Durante esa época es muy frecuente encontar a Boadas atendiendo el palco presidencial del conocido frontón Jai-Alai o el bar del elitista Yacht Club. A los 31 años, en 1926, Boadas decide venir a España y tras estar una temporada en Lloret de Mar, de donde eran sus padres, conoce a María Ribas con la que se casa un año más tarde. Miguel Boadas decide trasladarse a Barcelona donde fija su residencia; grandes establecimientos ven su arte: Moka, Nuria, Royal, Kiosko de Canaletas, Maison Dorée, y por fin Canaletas, donde oficia su arte en una barra especialmente creada para él,
El 24 de octubre de 1933, día de su onomástica, supone un gran cambio profesional en su carrera, Boadas logra cumplir su gran sueño: abrir su propio establecimiento en la calle Tallers, 1 de Barcelona afoelsu. La apertura supone un acontecimiento social de gran trascendencia; amigos suyos entre los que se encuentran Opisso, Antonio Machín e Ignacio Agustí, le regalan una coctelera gigante para que guarde en su interior todos los buenos deseos que sus amigos tienen para él. Boadas está ya consagrado, y junto a Perico Chicote son los dos barmen más famosos de España y reconocido mundialmente.
Dos años más tarde otro broche importante en su carrera: nace María Dolors, su única hija, la mejor guinda para el mejor cocktail. María Dolors, al igual que le sucedió a su padre, se siente fascinada por el mundo del bar; a los siete años hace su primer cocktail en el bautizo de un primo, y a los catorce recibe por fin de manos de él la alternativa para entrar a oficiar como aprendiza. Verla, era contemplar a una princesa de porcelana.
Para mí el mayor signo de identidad de una ciudad son sus bares, sus restaurantes, sus hoteles; y sin duda, Boadas, es un signo de identidad de Barcelona.
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